Le Mont Saint-Michel


Montaje fotográfico de las fotos que hicimos en Saint-Michel con la música de Offenbach

En nuestro viaje de este verano a la Bretaña, pasamos la frontera normanda para acercarnos a uno de los monumentos más visitados por los turistas en Francia, el monte San Miguel, o Le Mont Saint-Michel. Es un sitio histórico, mítico, religioso, casi sagrado, ahora bendecido a otro Dios más mundano, el turismo. Es uno de esos pueblos donde no vive nadie, solo existe presencia de restaurantes, algunos hoteles, pocos, y muchísimas tiendas de compra compulsiva (souvenirs, joyas, ropa,...). Tres millones de personas al año son un mercado muy atractivo, con un tiempo medio de visita de dos a tres horas. En verano, en agosto cuando fuimos, se pueden alcanzar los veinte mil visitantes en un solo día. Lo que es de aplaudir es la perfecta organización de la visita: un parking enorme y una serie de autobuses lanzaderas que te llevan cada dos por tres a la ciudad.

Parking a primera hora de la mañana.... esto empieza a llenarse
Según algunas fuentes, el hombre ya visitó estas tierras desde muchos siglos atrás, cuando las tribus célticas ocuparon el bosque de Scissy y montaban aquí en esta colina, los cultos druídicos. Los primeros bretones llamaron al sitio la Tumba de Belenus, el dios galo del sol. Parece que el monte se coronaba con un gran megalito. Los romanos lo denominaron Puerto Hércules. y con su llegada provocaron la construcción de vías romanas que surcaban la Armórica, y una de ellas, que unía Dolo con Fanarfmers, pasaba al oeste de Mons Belonus. Hacia el siglo IV los primeros cristianos en la zona levantaron el primer oratorio, dedicado a San Esteban, luego el segundo en honor de San Sinforiano al estilo merovingio. La abadía como tal se empieza a construir en torno al siglo VIII cuando un obispo de Avranches (ciudad cercana más al Este) llamado Aubert levanta una iglesia en homenaje al arcángel San Miguel. Parece que la historia de esta primera construcción tuvo varios ataques a lo largo de su historia, y varias reconstrucciones y mejoras hasta la imagen que tenemos ahora de él. Como durante la Guerra de los Cien Años, que se mantuvo inexpugnable, ya que los ingleses no pudieron conquistarla a pesar de sus ataques. La Revolución francesa hace que los últimos benedictinos dejen la abadía y esta se convierte en una prisión famosa por los malos tratos, hasta que fue cerrada en 1863 por Napoleón III.


Los primeros "turistas" en saborear los encantos de Saint-Michel fueron los escritores y pintores románticos que hacen que al final del siglo XIX se levantaran varios hoteles en el Monte. Hoy como hemos dicho es uno de los destinos turísticos más importantes de Francia. 

Quizás habría que preguntarse las razones por las que este islote bañado por el Canal de la Mancha, de menos de un kilómetro de diámetro se ha quedado tan aislado con las mareas. Y es el que el monte sufrió las crecidas de los ríos que inundaban la bahía: el Sélune, el Sée y, sobre todo, el Couesnon que, marcando la frontera entre Normandía y Bretaña, se puso repentinamente en el siglo XV a fluir al oeste del monte, haciendo así pasar a este último a Normandía. De hecho todavía muchos piensan que fue un regalo de la naturaleza de los bretones a los normandos, e incluso cuestiona su territorialidad.

Foto aérea de ©Wikipedia


Pero a su vez esta característica, con esas mareas espectaculares de la bahía (14,50 m de altura de diferencias pleamar-bajamar) contribuyeron mucho a hacer del monte una fortaleza inexpugnable. Hoy los turistas al entrar se encuentran con el anuncio de la hora de la pleamar para evitar ser sorprendidos por el agua.

Hay en la actualidad un nuevo proyecto para eliminar los sedimientos que han modificado los flujos marinos en la bahía y devolver aún más su anterior insularidad a Saint-Michel.


1 comentario:

Provinciana dijo...

Este lugar es una pasada, en invierno quizás más.

Buzón de sugerencias