Buscando txakolí... vizcaíno

Iba siendo hora de sacar alguna entrada de enoturismo. Y recordarán, quizás, los lectores más asiduos al blog, que hace unos años hicimos la ruta del txakolí de Getaria (aquí podéis ver la entrada). Pues bien, mi cuñado Aitor y mi amigo José Luis Cueto, ambos vizcaínos, me dijeron que esta vez tenía que visitar el txakolí de Vizcaya, diferente al "Giputxi". Y nos fuimos nada más y nada menos que a un lugar muy especial, Urdaibai, un espacio natural extraordinariamente bello, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1984. Su corazón es el río Oka que nace en el monte Oiz y se transforma en ría al llegar a Mundaka creando unas espectaculares marismas llenas de vida.
Existe una denominación diferente del txakolí vizcaíno, y por ello un Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina, la entidad encargada de amparar y velar por la autenticidad de los vinos elaborados por las Bodegas que solicitan y se adscriben al cumplir una serie de condiciones a la D.O. El txakoli hace siglos tenía una gran presencia social y económica en el País Vasco y fuera, sin embargo, a finales del siglo XIX se produjo un lento declive que le llevó a vivir una situación muy distinta. Esto dio lugar a una reacción en los años ochenta cuando un grupo de bodegueros conforma la Asociación de Txakolineros de Bizkaia (BIALTXA) y con el apoyo de la Administración Vasca (Gobierno Vasco y Diputación Foral de Bizkaia) se lanza a la recuperación del prestigioso caldo. Fruto de este trabajo nace en el año 1994 la D.O.
Estábamos en plena pandemia por lo que era complicada la visita. Estaba en Bilbao y pregunté en varias bodegas y casi todas estaban cerradas. Al final al llamar a una de ellas, la Bodega Berroja, pregunté a la persona que me cogió el teléfono "mire soy de Cádiz ¿podría comprar unas cajas de txakolí en la bodega?", él me contesto con su acento muy, muy vasco "- Txó si quieres te vendo la bodega" y se echó a reír. No era una persona cualquiera, era el dueño de la bodega que se ofreció a enseñarme su tesoro y luego, por supuesto llenamos el coche de varias cajas para bajarlas al sur. Esa es, pues, la historia de esta entrada, como siempre sin ningún interés comercial ni para la bodega ni para nada.
A la entrada te encuentras una colección de trajes regionales.

Marta frente a la cristalera de la bodega.
Los viñedos de txakolí vizcaíno se encuentran a lo largo de toda la geografía de Bizkaia. Tanto en zonas muy próximas a la línea costera, como en los valles interiores, pero hay comarcas donde la superficie y el número de bodegas es sensiblemente superior a la media. Estamos hablando principalmente de las comarcas de Uribe y de la de Urdaibai, que es donde se encontraba la bodega del señor que me cogió tan amablemente el teléfono. Desde la bodega se puede ver el esplendor del Urdaibai (abajo algunas fotos).

Normalmente siempre se habla del txakolí blanco, y es normal porque representa más de un 95% de la producción total, y está elaborado principalmente con las dos variedades blancas recomendadas, Hondarrabi Zuri y Hondarrabi Zuri Zerratia. Pero hay otros txakolís minoritarios, como el tipo-fermentado en barricas de madera de roble. Y el tipo-rosado, llamado tradicionalmente “Ojo de gallo”, en su elaboración se aporta un mínimo del 50% de la variedad tinta recomendada Hondarrabi Beltza. Finalmente existe, si, existe, el txakolí tinto, elaborado con la variedad Hondarrabi Beltza.
Abajo vista del Urdaibai desde la bodega que visitamos...
La técnica se impone en la elaboración del vino como veis por la imagen menos romántica del tratamiento de la uva.
Ya en fase de probar y catar los vinos...

Y eso es todo, os dejo algunos enlaces que pueden ser interesantes.
Hasta la próxima viajeros !!


1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, Paco
un lugar realmente hermoso. ¿Cómo no sucumbir a la hipnótica visión-verde de la cristalera de la bodega? Una imagen poética y con un poco de vino, supongo que aún más.

Nunca he probado el txakolí. No sé la razón. Tendré que catarlo algún día.
Saludos
CarmeLa