Gran Café Tortoni o el café con tango

Fachada exterior del café, arriba la Academia Nacional del Tango


"A pesar de la lluvia yo he salido
a tomar un café. Estoy sentado
bajo el toldo tirante y empapado
de este viejo Tortoni conocido.
¡Cuántas veces, oh padre, habrás venido
de tus graves negocios fatigado,
a fumar un habano perfumado
y a jugar el tresillo consabido!"





Fue Baldomero Fernández Moreno en 1925 quien escribió ese verso dedicado al Viejo Café Tortoni. Porque Buenos Aires, como espejo en Sudamérica de Paris, Roma o Madrid, adoptó la costumbre de las cafeterías con encanto del siglo XIX. A los porteños les gusta pasar mucho tiempito con su café y una media luna (croissant) y sobre todo con una agradable conversación. Ya hablamos aquí en un post de "Las Violetas", pero hay muchos cafés con pastelerías e incluso con restaurantes, que se han adaptado al mercado turístico. De todos ellos el Café Tortoni, ubicado en el 825 de la Avenida de Mayo, es el más representativo. El Tortoni resume el espíritu tradicional de esta importante avenida de lo que los bonaerenses llaman el Microcentro y una leyenda de toda la ciudad.

También son representativos de los cafés de Buenos Aires: el preferido de Cortázar, el "London City", por la misma zona que el Tortoni, o bien el "Gato Negro", en la encantadora Avenida Corrientes, también en esta lista no debería faltar la "Confitería Ideal" de bastante antigüedad o "La Biela", un lugar de reunión importante en la zona de Recoleta, en la Avenida Quintana.
Escenario de actuación "para turistas"
El Café Tortoni tiene, desde mi punto de vista, una mezcla de lo que fue el viejo café con sus salones, sus billares, y lo que tiene que ser para subsistir gracias a la afluencia de los turistas. Vamos que sigue teniendo ese encanto de la cafetería más antigua de la Argentina pero si puedes no caigas en la tentación de apuntarte a escuchar tango allí, porque para eso hay otros sitios mejores y más auténticos. En el Tortoni funcionó la peña literaria de mayor predicamento de Buenos Aires, liderada por el pintor Benito Quinquela Martín, y hoy sigue siendo un lugar de difusión cultural y turístico de cierta importancia. El Tortoni (dice la web del café) aunque es el paradigma del café porteño, poco se sabe de sus orígenes: apenas un inmigrante francés de apellido Touan decidió inaugurarlo a fines de 1858, el nombre lo tomó prestado del de un establecimiento del Boulevard des Italiens, en el que se reunía la elite de la cultura parisina del siglo XIX. Es llamativo que el escritor francés Stendhal menciona en su novela Rojo y Negro, de 1830, la existencia de un café Tortoni en París.


Café Tortoni, nº 825 de la Avenida de Mayo, Buenos Aires, Argentina




El café guarda vitrinas con recuerdos centenarios
Se sabe que fue inaugurado, como hemos dicho anteriormente, en 1858, pero existen una segunda versión sobre su nombre (según Wikipedia) que afirma que fue un tal Oreste Tortoni quien habría establecido el café sobre la calle Defensa al 200. Esta teoría hay quien sostiene que fue un error en un artículo aparecido en un folleto publicitario de uno de los proveedores, en el que se nombraba al tal Oreste Tortoni. Sin embargo Enrique Puccia, historiador de Buenos Aires, descubrió que efectivamente existió una guía de la ciudad donde aparece el Café Tortoni en Defensa al 200. No obstante, el Gran Mapa Mercantil de la Ciudad de Buenos Aires, editado en 1870 por Rodolfo Kratzenstein, lo ubica en Rivadavia y Esmeralda con Monsieur Touan como propietario. Lo cierto es que en 1880 fue trasladado a su lugar actual: la planta baja de la residencia de Saturnino Unzué en la calle Rivadavia. Era una casa de estilo italianizante, con planta baja y la vivienda en el piso superior, y su fachada se conserva en la actualidad, muy deteriorada. El fondo de la construcción era lindante con el Templo Escocés de Buenos Aires, ubicado sobre la calle Piedras y construido hacia 1830. En 1882, el intendente Torcuato de Alvear concibió el proyecto de construcción de un gran boulevard al estilo de los creados por el Barón Haussmann en París. La futura vía recibió el nombre de Avenida de Mayo en 1885, y su apertura comenzó en 1888, avanzando entre las calles Rivadavia y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y demoliendo las antiguas construcciones que se encontraban en su camino, entre ellas el Templo Escocés. La casa de la familia Unzué fue afectada por la creación de la avenida y perdió el fondo de su terreno aunque, en vez de demolerse completamente, se la conservó y se le construyó una nueva y más lujosa fachada con salida hacia la nueva vía. La nueva parte de la residencia, proyectada por el arquitecto noruego Alejandro Christophersen en estilo academicista francés, terminó de construirse en 1898 y cuenta con planta baja y dos pisos. La vieja entrada del café por la calle Rivadavia siguió existiendo como puerta trasera de acceso al sector de billar. En la actualidad se encuentra cerrada de forma permanente.

El Tortoni es más antiguo que la propia Avenida de Mayo que se construyó casi treinta años después

A fines del siglo, el bar fue adquirido por otro francés: don Celestino Curutchet, casi un personaje de historieta. Entonces el local era frecuentado por un grupo de pintores, escritores, periodistas y músicos que formaban la Agrupación de Gente de Artes y Letras, liderada por Benito Quinquela Martin. En mayo de 1926 forman La Peña, y le piden a Don Celestino Curutchet, que les deje usar la bodega del subsuelo. El dueño acepta encantado, porque según sus palabras "los artistas gastan poco, pero le dan lustre y fama al café....".

Abajo tenéis algunas fotos de recuerdos literarios que pueblan los salones del Tortoni...

Con el busto de Borges
Alfonsina... y el mar




2 comentarios:

M. Teresa dijo...

Tal como dices, muchos de estos lugares son más por lo que fueron que por lo que son, pero no se puede negar que tienen un gran encanto. Si algún día viajo a Buenos Aires no me pienso perder el café Tortoni.

Un saludo y Feliz año

Él y ella viajeros dijo...

Como dice la comentarista anterior, tal vez sean lugares que se alimentan de lo que fueron y no de lo que son hoy, pero tampoco yo me perdería este café emblemático si es que algún día, ay, viajo por fin a la ciudad de Buenos Aires... ¡Te deseo un feliz 2013!

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