El Viaje del Verano 2018: De los fiordos... (primera parte)

Gracias a la vida que me ha dado tanto 
Me ha dado la marcha de mis pies cansados 
Con ellos anduve ciudades y charcos 
Playas y desiertos, montañas y llanos 
Y la casa tuya, tu calle y tu patio
Violeta Parra
Paisajes como este nos hicieron decantarnos por los fiordos, donde el agua es cristalina y se refleja como un espejo.
Creo que es de las fotos más bonitas que me han salido del viaje.
Tener la suerte, durante un mes, de moverte por el mundo requiere de agradecimiento. No hay nada como viajar, la mejor inversión contra la xenofobia y los nacionalismos. Nuestro viaje, por razones laborales siempre es en agosto, al menos el gran viaje. Y en el 2018 hemos tenido dos escapadas europeas, una al norte y otra al sur: en la primera quincena nos fuimos a los fiordos noruegos desde Trondheim hasta Stavanger, para terminar en la ciudad alemana de Rostock; y en la segunda quincena a la isla de Creta, que teníamos muy pendiente desde hacía años. Entre uno y otro viaje aprovechamos el verano gaditano, cada día más concurrido de visitantes que saborean sus playas y su gastronomía.
  • Crucero por los fiordos
Zenith - Pullmantur
Contratamos a través de internet un crucero de una semana, de sábado a sábado. Nos recomendaron Pullmantur, el balance es positivo, aunque es mejorable, por ejemplo que contrates un camarote con vistas y te pongan un bote salvavidas enfrente. Pero ya digo, que es recomendable. Noruega es carísimo y el tener el hotel que se mueve contigo, que dejas las maletas en el aeropuerto y la recoges en el barco, o que comes y bebes todo lo que quieras con todo incluido, no cabe duda que es una gran ventaja en un país donde una cerveza o un vino te puede costar un ojo de la cara. Y dicho esto paso en esta entrada a relatar el Diario del Viaje, día a día, como suelo hacer todos los años.


Diario del viaje

3 de agosto
Comenzamos el periplo veraniego. Agosto se ha convertido en la rutina anual de la escapada, de buscar nuevos sitios y dejar en un armario temporal las preocupaciones y ocupaciones que han sido muchas. Este 3 de agosto suena casi a 31 de diciembre, acaba el ciclo que volverá en septiembre, por eso es importante aprovechar los días. Hoy estamos en Madrid, nos recibe agresivo, multitudinario en la estación de tren, que hierve, como si de una olla a presión se tratara. Solo vamos de paso a Barajas, donde al día siguiente cogeremos un avión a Noruega. Allí el clima se espera más agradable en relación al infierno de la meseta, tenemos puesta ilusiones en un crucero de una semana por los famosos fiordos noruegos. El miedo es que la realidad nos defraude las altas expectativas. Para acompañar el viaje he comenzado con un viejo relato, que tenía pendiente desde hace años, una obra del joven Kirmen Uribe "Bilbao-New York-Bilbao". De momento resulta muy adecuado como lectura de viajes. El tren de larga distancia de Cádiz a Madrid nos incluye el Cercanías de Atocha a Barajas.

4 de agosto
Despertamos en un hotel cercano al aeropuerto que tiene un "transfer" gratuito a la terminal. Desayunamos en la cafetería y nos ponemos en marcha hacia Barajas. De forma puntual sale nuestro vuelo charter hacia Trondheim. Las comodidades de Iberia son las que son, reducen la comida a un bocadillo en una cajita de cartón, jajajaja... sin duda muy por debajo de otras aerolíneas internacionales con las que hemos viajado. Llegamos casi a las cuatro de la tarde al aeropuerto de destino, aunque hasta la ciudad tardaremos unos cuarenta minutos más, además del trámite del check-in que se realiza en un hotel cercano al muelle. Ya en el barco la multitud está bastante bien organizada. Como hasta la noche no saldrá el barco nos apuntamos a una excursión por la ciudad de Trondheim. No hay tiempo apenas, por lo que optamos por la excursión del barco. Rápida, pero interesante. Trondheim es la tercera ciudad de Noruega y merece mucho la pena. Subimos hasta un mirador donde contemplar la ría, bueno el fiordo. Tenemos tiempo en este corto recorrido para visitar la Catedral (aunque solo por fuera), que resulta bastante interesante por los comentarios de la guía.

La catedral de Nidaros fue el santuario de San Olaf y la única sede arzobispal de Noruega.
Su importancia convirtió a Trondheim en la capital religiosa de Noruega durante la Edad Media.
Antes de volver al barco nos encontramos con un festival de la cerveza: multitudinaria concentración de paisanos degustando diferentes tipos de cervezas, con precios prohibitivos. Se entiende cuando estos noruegos nos visitan y beben "como vikingos".
La primera noche en el barco nos toca un grupo diverso de españoles en la mesa, madrileño y catalanes, muy simpáticos, hemos tenido suerte con la mesa. Los platos bien presentados y la bebida realmente es "todo incluido". Mañana esperamos llegar a Ålesund.

5 de agosto
Primer día completo en el Zenith, que es el nombre del crucero en el que hacemos el viaje. Esto de los cruceros es un mundo, te unes a casi dos mil personas entre pasajeros y una extensa tripulación de más de treinta nacionalidades distintas. Después de desayunar, a eso de las diez de la mañana hemos atracado en Ålesund, una pequeña población repartida entre varias islas, que nos recibe con frío y lluvia, una reacción pendular ante el clima español que nos había despedido en Madrid. A pesar de las inclemencias meteorológicas nos hemos atrevido a salir con la ropa que llevábamos, no muy apropiada para el "verano" noruego. El centro de Ålesund, una de sus islas, está partida en dos como si de un canal se tratara y con un grupo muy interesante de casas modernistas que le dan un aspecto coqueto. Tras paseos cortos por la lluvia intermitente del día nos planteamos subir al mirador del monte Aksla, al que accedemos en autobús, aunque los más atrevidos lo hacen subiendo una escalera de casi quinientos peldaños y una desapetecible lluvia. Un arco iris ilumina el paisaje desde el monte Aksla entre las risas de las caras mojadas por este curioso clima de agosto.

Ålesund desde el monte Aksla
Ya de vuelta al barco nos dejamos llevar por las actividades, casi siempre gastronómicas que nos proporciona el barco. Después de cenar, ya en navegación, nos vamos al teatro del barco donde un empalagoso espectáculo nos da el punto suficiente para irnos a la cama, el sol sale a las cuatro de la mañana y hay que asegurar la nocturnidad del camarote para la aventura del próximo día.

6 de agosto
Nos despertamos con el barco ya atracado en Geiranger, no se trata de un puerto como tal, sino una especie de atraque donde finaliza el fiordo, junto a un pequeño pueblecito. Sin duda espectacular el paisaje que te encuentras al abrir las cortinas del portillo del camarote.
Después de desayunar nos preparamos para la excursión de hoy. El tiempo ha mejorado en cuanto a las previsiones de lluvia, pero hace frío para nosotros del sur. Subimos por las empinadas carretera para divisar desde arriba el fiordo de Geiranger. Alcanzamos la montaña Dalsnibba cuyas vistas son impresionantes.

Geiranger
Las carreteras noruegas son impresionantes, incluso algunas de ellas son de una sola dirección
Posteriormente hacemos un camino por una carretera serpentuosa de montaña, pasando por lagos de agua de los glaciares. Hasta llegar al pueblo de Stryn que es donde comemos. La última parte de la tarde nos lleva por otros lagos igualmente de aguas cristalinas hasta finalizar en Hellesylt. Y con esto termina nuestro recorrido, nos despedimos del fiordo con unas cascadas impresionantes. El Zenith parte temprano para seguir navegando, rumbo a Flåm, mañana más.
Esta noche tenemos en el barco un espectáculo "Rock never die", muy chulo.

Aún en agosto persisten los neveros

7 de agosto
Atracamos ya avanzada la mañana en Flåm que no se pronuncia como el postre de huevo, sino con una "o" /Flom/. Aunque realmente la comarca apenas está poblada y Flåm son cuatro casas, una escuela y una iglesia (trescientas cincuenta personas según Wikipedia).
Cogemos el autobus que nos lleva hacia más cascadas y fiordos pasando por túneles de más de diez kilómetros de largo, si, no me he equivocado, diez kilómetros. Entre los parajes más impresionantes una carretera empinada de una sola dirección conocida como la "kleiba" (Stalheimskleibane), también una cascada estrunduosa que se conoce como la cascada del ruido, en la que no podemos para por lo estrecho del camino, aunque si hay una parada en otra impresionante, la cascada de Tvinde.

Tvinde
Ya una media hora después aproximadamente, alcanzamos la ciudad más poblada de la comarca, Voss, donde hay un hotel muy bonito en el que comemos, es muy elegante y de estilo clásico, todo de madera que se llama Hotel Fleischer. Estamos un rato en este pueblo, suficiente para dar un paseo por el lago y ver una curiosa iglesia con su cementerio muy cuidado con sus lápidas en tierra.
A las cinco y media cogemos un tren hasta Myrdal, porque Voss es parada de los trenes de Oslo a Bergen. Este es un tren moderno pero nos llevará a la estación de Myrdal desde donde parte el famoso tren de Flåm, el Flåmsbana. Es una réplica de un tren antiguo que presume de los recorridos más bellos del mundo, se encuentra en los rankings de "los trenes más bonitos...". Durante una hora hace un recorrido espectacular, sin duda su fama es verdadera, hay personas de todas las nacionalidades en los vagones del Flåmsbana. Hay túneles, paisajes, cascadas,...

Flåmsbana
El tren para en esta cascada y desde una plataforma se divisa majestuosa junto a ella la mítica Huldra
Hay una parada en un anden para contemplar la Cascada Kjosfossen en el camino, donde además hay una interpretación breve de música y danza (ver en la foto de arriba una chica vestida de rojo como una hada, una criatura mitológica de la zona). Durante la temporada turística del verano, aparecen en la cascada estas actrices vestidas como la legendaria Huldra, una criatura seductora del bosque en el folclore escandinavo.
A las nueve de la noche salimos del atraque de Flåm con destino a Bergen.

8 de agosto
Bryggen (Bergen)
Bergen es la segunda ciudad de Noruega, después de Oslo. Aunque su población es de unos doscientos cincuenta mil habitantes, tampoco es tan grande, realmente Noruega tiene una densidad de población muy pequeña para su extensión de territorio y de costa. Hemos decidido no amoldarnos a ninguna excursión y junto a los amigos de Madrid, Luis, Pilar y Clara, recorrer sus calles en una mañana donde a ratos nos ha sobrado incluso el jersey pero que concluyó con un chaparrón tremendo al llegar la tarde. Comenzamos recorriendo el barrio hanseático de Bryggen que forma parte del patrimonio mundial de la Humanidad. En Bryggen encontramos casas de madera antiguas o restauradas como hace siglos y que dan una idea de lo que fue Bergen hace quinientos años en el comercio con Hamburgo, Bremen o los puertos del Báltico.

Fisketorget
Avanzamos hasta adentrarnos en un mercado de pescado muy apropiado para turistas que lo visitan (Fisketorget). Hay mariscos de todo tipo, salmón salvaje, embutidos de reno, filetes de ballena,... hacen las delicias de los que estamos allí, aunque solo algunos se atreven a los precios "noruegos" de estos manjares.
Luego visitamos una iglesia luterana que nos apacienta del ruido de los turistas, excesivos, en las calles de Bergen. Es la Iglesia de la Cruz (Korskirken), un templo del siglo XVII que nos llama la atención, no por sus detalles arquitectónicos sino porque sea una mujer la que imparte la misa. Luego vamos a ver la Catedral, pero solo la podemos ver desde fuera, tampoco impresiona. Realmente en Noruega no hemos visto ningún templo (quizás la Catedral de Trondheim), que se pueda asimilar a las iglesias o catedrales de España, Italia o Francia.

Bergen desde arriba del funicular
Y llega el turno de pagar los peajes del turista, el hacer una tremenda cola para subir el funicular de Bergen, el que va a la montaña de Fløyen, el funicular se llama el Fløibanen. La llegada al mirador merece la pena (ver foto de arriba), las vistas son impresionantes, se puede imaginar uno estos paisajes con la música de su compositor local, Edvard Grieg. Arriba hay también un pequeño lago al que accedemos después de una pequeña caminata muy agradable.
Hoy el barco sale pronto a navegar, a eso de las seis de la tarde ya partimos, aunque el día ha cundido en Bergen. La última lluvia corrobora aquello de que en Bergen llueve 365 día al año. El fiordo de salida nos deleita a una y otra banda con pequeñas islas y puentes.

9 de agosto
Cascada del whisky
Atracamos muy temprano en el puerto de Stavanger. El tiempo justo de desayunar e ir a otro pequeño barco con el que hacemos una travesía por el fiordo de Lyse (Lysefjord). Allí contemplamos el famoso "Púlpito", el Preikestolen, una piedra plana a la que algunos acceden después de una caminata de seis kilómetros y un desnivel de seiscientos metros sobre el nivel del mar. Además del famoso Púlpito el fiordo está lleno de lugares preciosos como la cascada del whisky donde la pequeña embarcación se acerca tanto que uno de los marineros recoge con un balde el agua que cae para darla a beber a los turistas que allí estamos. Es un agua procedente de los glaciares, especialmente cristalina, una maravilla.

Preikestolen
Con sus calles adoquinadas y las casas de madera todas muy coquetas con jardines cuidados, perfectos estos noruegos, todo con un colorido especial. Lo que se conoce como Gamle Stavanger, un total de casi doscientas casas algunas de ellas del siglo XVIII y XIX. Muy cerca se encuentra su catedral, nada impresionante, pero si hay que tener en cuenta que es la más antigua del país, aunque sus obras de reparación no nos permite ver bien su fachada. Cerca hay un parque y un lago imponente con patos, cisnes y las agobiantes gaviotas. Luego paseamos por la zona comercial de tiendas y restaurantes, también de casas de colores llamativos y ambiente bohemio.

Stavanger, arriba y abajo

Stavanger es también la capital del petróleo de Noruega, aquí se concentran gran parte de las torres petrolíferas de su plataforma continental, de hecho aquí hay un museo dedicado a la industria del petróleo aunque no lo hemos visitado. Ya hoy nos despedimos de Noruega, nos queda tan solo visitar la última ciudad del circuito de este crucero, la alemana Rostock, aunque para ello nos queda un día entero de navegación.

10 de agosto
El día de navegación resultó un poco tedioso. Había mala mar, aunque el balanceo del barco no era importante, como suele ocurrir en estos cruceros este tipo de día se utilizar para espectáculos de animación que dan la despedida real de los días de estancia abordo. Nos despedimos de los amigos que hemos hecho durante esta semana, una gente encantadora con la que hemos compartida la mesa más guay, la 123, arriba de izquierda a derecha Clara, Ruben, Nuria, Victor, Aida, Paqui y yo, abajo Luis y Pilar.

Nuestros amigos del crucero
11 de agosto
En la madrugada recogen las maletas de los pasillos y ya no la veremos hasta recogerlas en el aeropuerto de Barajas, es una de las grandes ventajas de los cruceros, te olvidas de mover maletas de un sitio para otro porque la casa la llevas encima como si de un caracol se tratara. Aprovechamos que estamos en Rostock y que el vuelo no sale hasta las cinco para visitar la ciudad, otra de las del circuito de ciudades hanseáticas. Se nota como en casi todas las ciudades alemanas el paso de los bombardeos de la segunda guerra mundial ya que la mayor parte de los edificios han sido restauradas aunque al menos el centro histórico ha quedado remodelado en un aspecto muy parecido al que fue (se puede apreciar en las fotos de abajo).

Rostock, arriba y abajo

Destacan algunas iglesias y edificios civiles como la centenaria Universidad o el Ayuntamiento. Rostock es Alemania y no nos podemos ir sin degustar unas cervezas y unas salchichas con sus rosquillas (bretzel).
El aeropuerto está a las afueras, vamos en un autobús. Es pequeño y casi todos los vuelos son charter de cruceristas y también de alemanes hacia destinos turísticos como Grecia. El avión sale antes de lo previsto, quizás por tratarse de un pasaje compacto y la disponibilidad del avión. Llegamos a Barajas sobre las ocho, aunque el retraso de la recogida de maletas y el trayecto en el tren de cercanías a Atocha nos depara un retraso. A las nueve y media estamos en un hotel frente a la estación de tren. Aprovechamos la noche madrileña para cenar en un sitio que nos gusta, un gallego de la calle de Huertas, muy cerca del Prado.

12 de agosto
Amanece en Madrid. Solo lo justo para desayunar y coger el tren que nos lleva a Cádiz. Ya solo queda descargar más de mil fotos en el ordenador y recopilar recuerdos para este blog. Aunque agosto sigue y tenemos que seguir aprovechando (es el verbo más usado en este Diario de Viaje) el mes de vacaciones. Aún nos queda un próximo viaje a Creta que tenemos programado para la última semana del mes.
Continuará...

5 comentarios:

Ana Banderas dijo...

Tenía ir pensado este año, aunque al final se estropearon los planes. En cierto modo he viajado contigo, aunque el año que viene cae seguro este viaje. Me encanta tu estilo cercano, te sigo.
Besitos

Rocio (viajando a mi manera) dijo...

Ese viaje lo tengo pendientísimo, lo que pasa es lo de siempre, que es muy caro... los paisajes me recuerdan a cuando estuvimos en Islandia, país que me dejó enamorada a pesar del frío y presiento que aquí me pasará igual.

Muchas gracias por contarnos tu viaje de un modo tan ameno!!
Saludos

Naiara Botía dijo...

¡Menudo viajazo! Noruega es un país increíble. Yo fui a Oslo a visitar unos amigos e hicimos una escapada a Stavanger, para ver el Preikestolen. Nos sorprendió muchísimo y nos enamoramos inmediatamente del país. Tengo pendiente ver el norte, por lo que cuentas, tiene que ser también increíble.

Netikerty Anden27 dijo...

Ohhh que bonito es Noruega y sus fiordos. Un viaje maravilloso. Veo que visitasteis también uno de mis lugares preferidos del mundo... el preikestolen!!! Volvería ahora mismo, sin pensarlo dos veces.

Pepe Rojas dijo...

Vaya viaje que os habéis pegado !!

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