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¿Está en Budapest el café más bonito del mundo?

El lujoso New-York Káuéház


Tenía muy abandonado la etiqueta #Café en el blog. Así que hoy les vengo a hablar de uno de los más afamados del mundo, el «New York Café», que se encuentra en el corazón del Gran Bulevar de Budapest, una auténtica joya del estilo historicista, inaugurada en 1894 por la compañía de seguros New York Life Insurance. Concebido por Alajos Hauszmann, con la colaboración de los célebres arquitectos Flóris Korb y Kálmán Giergl, este palacio de cuatro plantas combinó oficinas, apartamentos de lujo y una cafetería destinada a convertirse en leyenda.

Postales antigua del edificio de la compañía New York Life Insurance en Budapest

En la planta baja nació el icónico «New York Café», un espacio suntuoso de mármoles, frescos y lámparas de bronce, donde floreció la vida cultural de principios del siglo XX. Fue punto de encuentro de escritores y artistas húngaros como Ferenc Molnár, Gyula Krúdy, Zsigmond Móricz y Dezső Kosztolányi, quienes encontraron entre sus mesas inspiración y camaradería. Su ambiente bohemio y literario lo convirtió en el epicentro de la vida intelectual de Budapest.


Imágenes del New York Kávéház a principios del siglo XX


Tras múltiples transformaciones, se convirtió en oficinas durante el periodo estalinista, además de diversos cierres y renovaciones; el edificio fue restaurado y reabierto en 2006 como hotel de lujo, bajo la marca Anantara desde 2020. Hoy, el Anantara New York Palace Budapest Hotel está entre los más elegantes y caros del mundo con su neo-barroquismo, hay varias suites exclusivas y el espléndido café que les hablo, uno de los considerados como más bello del mundo, y galardonado con la medalla Europa Nostra en 2007.

«The most beautiful cafe in the world»

La propaganda turística dice que «el New York Café, con música de piano en vivo y una atmósfera majestuosa, recibe cada año a miles de visitantes que desean revivir el esplendor de la edad dorada de los cafés literarios, un lugar donde la historia, el arte y el lujo se encuentran en cada detalle». Dicho esto, decidimos ir, ya al ver el menú en la web vimos los precios, estaba claro que nos iban a dar una gran «clavada» (un capuchino 13€, una hamburguesa 24€, la botella de vino más barata 52,5€). Al llegar había una gran cola, pero era de los grupos que no habían reservado, al tener reserva (vía web), pudimos acceder a la sala, la impresión inicial fue ¡cuánta gente!, nos sentaron, las mesas un tanto amontonadas y lo peor no fue el precio, sino la gente que iba y venía haciéndose fotos, videos, posando..., lo de menos era el café o la comida, sino hacerse la foto y bueno, esto no está mal (yo también hice unas fotos), pero el ruido hacía que la música en vivo no se escuchara o que nadie le hiciera caso al pobre violinista ni al pianista... Algunas señoras iban con ropa de fiesta y grandes escotes, hombres muy trajeados algunos, sólo para hacerse la foto en una de las escalinatas del café, ¿probables instagramers buscando unos miles de likes?, pensé y ahí se llevaban tiempo y tiempo, molestando a la gente que estaba en las mesas comiendo. A mi lado, luego se sentaron una pareja, que él tenía toda la pinta entre mafioso y concejal de urbanismo y ella ataviada con lentejuelas. En definitiva, un lugar precioso en el sentido de mucho dorado, en definitiva el estilo de los edificios húngaros de principios de siglo, pero no se está a gusto ni merece la pena el precio para una cena romántica. Por tanto podrá ser como dice su lema: a világ legszebb kávéja («el café más bonito del mundo»), pero no el que más me guste a mí. Lo siento, es mi opinión, claro... 



Y me despido con esta «lujosas» vistas del New York Café

¡Hasta la próxima, viajeros!

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