Silesia en tren

Casa tradicional de la Silesia
Silesia (en polaco Śląsk, en checo Slezsko, en alemán Schlesien, eso dice la sabelotodo Wikipedia) es una región muy amplia que no solo ocupa la actual Polonia, sino que su territorio histórico que ha pasado por tantos avatares, abarca hoy también las actuales República Checa y a la actual Alemania unificada. No la visité por casualidad, de hecho no tiene grandes ciudades que puedan ser consideradas atracciones turísticas, si la comparamos, por ejemplo, con la vecina Cracovia, pero la región en sí tiene recursos naturales que la hacen merecedora de una región con encanto.

Sus orígenes están relacionados con poblaciones que llegan y se van, los primeros los germanos silingos, bastarnos y vándalos, que se asientan en la zona para luego marchar a la invasión del Imperio Romano, más tarde los pueblos eslavos como croatas o serbios, que también vuelven a abandonar estas tierras para establecerse donde hoy conocemos precisamente Croacia y Serbia. Finalmente fueron los actuales pueblos polacos y checos los que decidieron establecerse aquí. La Silesia quedó como escenario de numerosas guerras polaco-bohemias durante los siglos X al XII. En el siglo XIII comenzó la colonización alemana del sur de Silesia, fundándose numerosas ciudades y comenzando lo que sería la gran riqueza de la zona, las minas. En 1335 el rey polaco Casimiro III renunció a Silesia a favor del rey de Bohemia. Luego se incorporó Silesia al Sacro Imperio Romano Germánico. Y así ha sido toda la Historia de Silesia, de aquí para allá. Otto von Bismarck la consideró parte del Imperio alemán en 1871. Al final de la Primera Guerra Mundial, después del plebiscito y los tres levantamientos polacos, una gran parte de Alta Silesia formó parte de Polonia. Después de la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial, la parte de Silesia todavía perteneciente a Alemania es cedida a Polonia y toda la población alemana fue desterrada. Estos conflictos han generado una Silesia con raíces truncadas y que hoy mira más a Europa.

Festival de música en Szczyrk
Katowice
Cuando yo estuve en la Silesia polaca, en el año 2001, invitado a un Congreso por el compañero de la Universidad de Gdynia, el profesor Krzysztof Kolowrocki, aún no pertenecía la región a la Unión Europea y lo que si encontré es que la mayor parte de los polacos no sabían nada o casi nada de inglés, aún menos que los españoles que ya es decir… Estaba entonces la zona muy anclada en lo que había sido Polonia en la etapa de la postguerra. La gente de la zona se caracteriza por no ser muy abierta al extranjero, es muy religiosa y conservadora en sus costumbres; y la zona ha vivido igual que otros países europeos la crisis de la minería, aunque demorada aquí en el tiempo. Katowice es la ciudad más poblada de la Silesia industrial, su área metropolitana es relativamente grande, algo más de dos millones de habitantes, aunque la población de la ciudad es de 354.000 habitantes, según las datos que tengo. Las sucesivas victorias y luchas de Polonia por su consecución de su estatus como país y por su vinculación a Silesia se reflejan en un memorial que llama la atención por sus dimensiones y esta diseñado por Wojciech Zablocki. El monumento que pesa 61 toneladas, según leí por allí y tiene catorce metros de alto, impresiona. El resto es una ciudad muy tranquila aunque sin grandes obras civiles o religiosas, si la comparamos con otras grandes ciudades centroeuropeas.

+Info Katowice: http://www.um.katowice.pl/

Camino del lugar del Congreso y en tren, un tren que como mínimo diríamos herencia del periodo comunista, llegamos por fin a Bielsko-Biala, situada al pie de los Montes Cárpatos, muy cerca de la frontera con la República Checa y con Eslovaquia. (Por cierto hay una visita recomendable a un gran lago que hace frontera entre Polonia y Eslovaquia con un parque natural de grandes dimensiones). Las actividades turísticas de la provincia de Bielsko-Biala se centran en la práctica del esquí y el senderismo y son muy conocidas sus rutas por las Montañas Tatra. Precisamente en una estación de esquí, vacía de nieve en esos momentos, por tratarse del mes de Mayo, estaba la sede de nuestro congreso; el lugar tenía un nombre difícil de pronunciar para un español por la inclusión de tantas “zetas”: Szczyrk. Este pequeño pueblecito de cinco mil habitantes es el lugar de entrenamiento del equipo olímpico polaco de deportes de invierno y pueden contemplarse las rampas de saltos de esquí, de descensos, y este tipo de instalaciones propias de un lugar como este. Cuando yo estuve, ya digo, hace unos años, el precio de todo era bastante asequible, a falta de grandes diversiones el paisaje, las barbacoas y la cerveza Zywiec, cuya fábrica esta cerca, alivian la estancia. (Abajo una vista desde el hotel en Szczyrk.)

+Info Szczyrk: http://www.szczyrk.pl/





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