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San Pedro el Viejo de Huesca

El claustro, construido en el siglo XII, es uno de los más importantes del románico avanzado aragonés

El monasterio de San Pedro el Viejo, o lo que ha quedado, la Iglesia de San Pedro el Viejo, es uno de los elementos patrimoniales más rico de la provincia de Huesca. De estilo románico, se remonta al siglo XII. Está muy cerca de la catedral de Huesca. Tiene la categoría de Monumento Nacional y además es Panteón Real de dos reyes de Aragón: Alfonso I el Batallador y su hermano y sucesor, Ramiro II el Monje, del que hablaremos más adelante de su sangrienta historia.

Un poco de Historia

Como le ocurre a todos los edificios importantes religiosos, este lugar fue antes un templo o de una necrópolis romana, además de una iglesia visigoda. Los musulmanes cuando llegaron en el año 719, sin embargo, permitieron aquí que la población mozárabe pudiera seguir con el culto cristiano. Es entonces cuando se pone la iglesia bajo la advocación de San Pedro.

San Pedro, que da nombre al monasterio, con la triple tiara de papado en el retablo mayor de estilo renacentista (muy posterior) y con las llaves en la mano derecha

En 1096 llega a Huesca Pedro I de Aragón y se hace con la ciudad tras la batalla del Alcoraz. Es entonces cuando le entrega a los benedictinos la iglesia para que estos la conviertan en monasterio. Eran benedictinos franceses de Saint-Pons-de-Thomières (Languedoc) que venían de una abadía fundada en el año 936 por el conde Ramón III de Tolosa (Toulouse). Esta abadía fue alcanzando una gran importancia y su influencia fue considerable bajo la dirección del abad Frotardo; en esta época reunió bajo su dirección, no sólo este, sino otros monasterios, especialmente en Cataluña, como Saint-Martin-Lys, San Benito de Bages, San Cugat del Vallés, o San Pedro de Roda. Casi doscientos años después se convierte en iglesia parroquial, sin perder el aspecto monacal de la comunidad. Fernando II de Aragón independiza el monasterio de los franceses.

Existe la asociación 👉 Obreros de San Pedro "El Viejo"
"Obrero Mayor de San Pedro" es el título que ostentaban desde el siglo XVI, dos personas prominentes de la sociedad oscense y que ejercían de patronos seglares del priorato e iglesia de San Pedro de Huesca. La Asociación "Obreros de San Pedro el Viejo de Huesca" nació en 1997, con los objetivos de fomentar el patrimonio, el fomento de la investigación, la promoción de la rehabilitación física del conjunto, y la divulgación.


La iglesia

Entrada a la iglesia desde la plaza del mismo nombre, Plaza San Pedro de Huesca

Pórtico norte

Pórtico románico con un arco de medio punto decorado con arquivoltas con el Crismón en el centro (símbolo antiguo cristiano, también conocido como monograma de Cristo) 
El tímpano, que no se halla en su situación original, se muestra sobre el acceso norte al templo; quedan importantes restos de policromía tanto en las figuras como en el marco, aunque pequeño se observa en la parte superior una pequeña esculturas de San Vicente mártir, co-patrón de Huesca
La iglesia está formada por tres naves de bóveda de cañón

Retablo mayor

En el interior del templo se observan esas tres naves, más alta la central
El retablo mayor, de madera policromada, presidido por San Pedro, es muy posterior, de principios del siglo XVII, obra de los escultores navarros Berrueta y Juan de Alli

Capillas

La torre que inició su construcción en 1236, ya en estilo gótico fue modificada en los trabajos que se hicieron en el siglo XIX debido a su estado ruinoso, pero en la primera planta, se aloja una capilla dedicada a San Ponce (fotografía de abajo).


Retablo de San José

Fue terminado en el año 1578, dentro del estilo renacentista; aunque la actual talla de San José, ni la de San Cristóbal son de la época; el escudo de armas es de la familia Araus.

Las otras capillas laterales son posteriores:
  • Retablo de la Anunciación (siglo XV-XVI). Estilo gótico.
  • Retablo de la Virgen de la Esperanza (siglo XVI). Estilo renacentista.
  • Retablo de los santos Justos y Pastor (siglo XVII). Estilo barroco.


Pinturas románicas

Restos de pinturas que debieron decorar el templo, con diecisiete círculos con un escudo de un caballo

En el lateral norte de la nave central, por delante del coro, quedan restos de las pinturas en un arco que datan del siglo XIII y representan escenas del Antiguo Testamento. Hay dos niveles: el superior con escenas de la lucha entre David y Goliat; el inferior tiene dos episodios dedicado a Moisés, a derecha e izquierda.

Coro y sillería

Al pie de la nave central se encuentra el coro; la sillería de nogal y taracea es obra de Juan Bierto (1506), inicialmente estaba ubicado en la puerta principal de la nave central, fue desplazado a finales del siglo XVII; destaca la verja barroca del XVIII con cuatro pilares de madera dorada que sustentan las esculturas de San Vicente, junto a los santos Justo y Pastor,

Claustro

El actual claustro se realiza entre los años 1170 y 1198 sobre el anterior mozárabe
La mayor parte de los capiteles son dobles pero también cuádruples
El claustro es de planta rectangular, adosada al muro sur del templo y las galerías, como la de la fotografía de arriba, están cubiertas con un techo a un agua

En el siglo XIX se hizo una restauración un poco salvaje del claustro por el arquitecto Ricardo Magdalena. Se encargó al escultor Mariano García Ocaña esculpir capiteles para llenar los huecos dejados por los que se retiraron y llevaron al Museo Provincial por su deterioro. Hay 38 capiteles, de los cuales 18 son originales y el resto copias modernas. A pesar de ello queda bonito para el turista aunque para el historiador debe ser una pena no poder disfrutar del claustro tal como se construyó. Abajo algunos capitales que no es que se conserven bien, sino que son relativamente modernos.



Los Crismones del claustro

En el dintel de la puerta de acceso al claustro desde la iglesia nos sorprende el Tímpano de la Adoración, probablemente de la segunda mitad del siglo XII y del llamado «Maestro de Doña Sancha»; en la parte de arriba un Crismón trinitario sujetado por dos ángeles parecido al del pórtico de la iglesia y abajo una escena de los Reyes Magos
Aunque mucho menos decorado, también en el claustro puedes fijarte en este tímpano con un Crismón trinitario sostenido por dos ángeles.

Capilla de San Bartolomé y Panteón Real

El santo aparece pisando a un demonio, ya que era una sala donde se realizaban exorcismos 😮

En uno de los laterales del claustro, adosada al muro sur del templo, podemos entrar y ver una pequeña capilla dedicada a San Bartolomé. Es muy importante porque es el único resto del antiguo templo mozárabe. Cuando fue monasterio benedictino era la sala capitular (se cita como Ecclesia). Más tarde se convirtió en el Panteón Real de los dos últimos monarcas de Aragón: Alfonso I El Batallador, conquistador de Zaragoza y su hermano Ramiro II El Monje.

Sepulcro romano del siglo I que recibe los restos del rey Ramiro II el monje, a su muerte en 1157; en él se puede observar un personaje togado junto a dos genios alados y abajo Neptuno y Anfítrite con el cuerno de la abundancia, en los laterales Hypnos y Thanatos
Sepulcro de alabastro de autor desconocido que representa al último prior del monasterio benedictino: Fray Bernardo Alter Zapila 


La leyenda de Ramiro o La campana de Huesca

Cuadro de José Casado del Alisal (1880)

Tras la muerte en 1134 de Alfonso I el Batallador sin hijos, heredó el reino de Aragón su hermano Ramiro II el Monje, obispo de Roda de Isábena. Aragón sufría por entonces diversos problemas internos y externos. Según cuenta la Crónica de San Juan de la Peña (siglo xiv), estando Ramiro II preocupado por la desobediencia de sus nobles mandó un mensajero a su antiguo maestro, el abad de San Ponce de Tomeras, pidiéndole consejo. Este llevó al mensajero al huerto y cortó unas coles (algunas veces se habla de rosas), aquellas que sobresalían más. A continuación ordenó al mensajero repetir al rey el gesto que había visto. Ramiro II hizo llamar a los principales nobles para que vinieran a Huesca, con la excusa de hacer una campana que se oyera en todo el reino. Una vez allí, hizo cortar la cabeza a los nobles más culpables, sofocando la revuelta. La primera mención de esta leyenda la recoge la versión en latín de la Crónica de San Juan de la Peña, también conocida como la crónica pinatense, que fue redactada dos siglos después del reinado de Ramiro II por mandato del rey Pedro IV el Ceremonioso. La forma popular desarrolla algo más el hecho: el rey convocó Cortes e hizo venir a todos los nobles del reino para que vieran una campana que se oiría en todo el reino. A los rebeldes los hizo entrar de uno en uno en la sala y fue decapitándolos según iban entrando. Una vez muertos, colocó sus cabezas formando un triángulo y la de Arnaldo, el obispo de Jaca, el más rebelde, la colocó en el centro como badajo. Luego dejó entrar a los demás para que escarmentaran. (Fuente: Wikipedia)

Y con esta historia, verdad o mentira, pero muy cruel, me despido hasta la próxima entrada.

Web recomendada con mucha más información: Románico Aragonés

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