| Se levantó en el siglo XI por el rey Sancho III el Mayor, con una importancia estratégica fundamental dentro del sistema defensivo aragonés, con el tiempo se convirtió además en un castillo-abadía |
Era el castillo al que le teníamos muchas ganas de visitar, pero desde Cádiz, donde vivimos, estaba un poco lejito como para un fin de semana. Es por ello que, aprovechando un viaje al norte, hicimos, por fin, la deseada visita. Se encuentra en la provincia de Huesca, concretamente en la comarca de la Hoya de Huesca, en la zona elevada y desde la que los cristianos peleaban con los musulmanes que tenían controlada la «Plana». Mereció la pena. Es, dicen, el mejor castillo románico conservado en Europa. No he visto todos los castillos europeos, pero este, sin duda, está muy bien. Se llega en coche relativamente fácil y hay un aparcamiento gratis cerca. Obviamente y aunque era un día entre semana y en primavera, estaba lleno de autobuses de turistas de todas las nacionalidades y de grupos de escolares (no quiero ni pensar cómo estará en agosto). Antes de ir conviene, para entrar más rápido, que compres en la web la entrada, para sólo tener que validarla en recepción (no entres sin que te la escaneen porque te harán volver).
Un poco de Historia
El hallazgo de monedas romanas en el solar del castillo da pie a pensar que este se construyó sobre el asentamiento romano de Calagurris Fibularia. Sancho III el Mayor de Pamplona, a comienzos del siglo XI fue el primero en considerar a Loarre dentro de su línea de fortificaciones. El Castillo de Loarre, como tal, al estilo lombardo, fue construido por orden de Sancho III el Mayor y ampliado después por Sancho Ramírez, combinó funciones militares y religiosas en un mismo recinto. Desde aquí los cristianos dominaban toda la llanura de la Sotonera. A sólo 8 km estaba la fortaleza musulmana de Bolea. Conseguir Bolea era el primer paso para Huesca y luego Zaragoza, el objetivo militar en la expansión del reino hacia las tierras del valle del Ebro. El punto de ubicación del castillo, a la entrada de los Pirineos, era justo donde las montañas daban lugar a la llanura. La ventaja del castillo en la época era que este se asienta sobre un promontorio de roca caliza y estos cimientos impedían que los muros no fuesen minados. Hay que tener en cuenta que esa era precisamente una técnica habitual en el asedio. Además el castillo, como se ve en las fotos de abajo, está rodeado por una muralla con torreones.
La puerta principal, en el lado oriental, de medio punto, está flanqueada por dos torreones semicirculares.
El desalojo de los musulmanes de La Hoya, hizo que el castillo perdiera importancia, lo que supuso una pérdida de relevancia. Luego hubo saqueos con motivo de peleas internas entre los propios nobles aragoneses en el siglo XIII. También, un siglo después, fue escenario de violentos episodios en la llamada revuelta del conde de Urgel. El castillo fue salvado de las ruínas en las primeras décadas del siglo XX. El arquitecto Luis de la Figuera y Lezcano fue el director de las obras de restauración llevadas a cabo en el año 1915.
El castillo
| Sus murallas, torres semicirculares y su espectacular iglesia reflejan la grandeza del románico medieval |
| Torre Albarrana |
| Los torreones semicirculares son de dos o tres plantas, con diámetro variable entre 3,20 y 4,50 metros |
De la primera época queda el edificio real, la capilla, el torreón de la Reina, el patio de armas, las estancias militares y de servicio y la torre del homenaje. La torre de la reina se sitúa sobre la entrada a la parte militar. La del homenaje tiene veintidós metros de altura, con cinco plantas.
| Esta imagen no es mía, fuente 👉 Ficha de la Enciclopedia del Románico Aragonés |
Iglesia de Santa María de Valverde
| En el interior destacan la cúpula y los capiteles decorados, auténticas joyas artísticas de la época, las columnas están adosadas a los muros |
A la iglesia se accede por dos estrechas escaleras. Es una típica construcción románica de una única nave y ábside semicircular cubierta por bóveda de cañón y decorada por una larga cenefa de ajedrezado. La cúpula es de veintiséis metros de altura. A la derecha están las dependencias de los canónicos y de los nobles que habitaron el castillo. Hay otro espacio que funcionó primero como calabozo y luego como almacén y sala de armas.
Los capiteles tallados tienen motivos fantásticos, vegetales y bíblicos.
La cripta se encuentra bajo la cabecera de la iglesia, sirviendo de soporte a la misma, debido a la pendiente del terreno en el que se asienta. Tiene planta sencilla de ábside semicircular. En esta estancia se guardaban importantes reliquias, como las de San Demetrio, que en la actualidad se custodian en la parroquial de Loarre (que por cierto estaba cerrada cuando nos acercamos, abajo una foto).
| Arqueta con las reliquias de San Demetrio — Foto 👉 web del SIPCA, Gobierno de Aragón |
La localidad de Loarre
| La actual localidad de Loarre, en aragonés Lobarre, vista desde el castillo |
En el siglo XV, la población que vivía a los pies del castillo, como consecuencia de las peleas entre el noble Antón de Luna y el rey, se traslada a la actual villa de Loarre, reutilizando materiales de la fortaleza.
Entorno natural del castillo
El castillo y el cine
La novela Crónica del alba de Ramón J. Sender fue llevada al cine en 1982 con el nombre de Valentina. Aquí rodó el mismísimo Anthony Quinn. Más tarde en 2005 fue el director Ridley Scott quien utilizó el castillo de Loarre en su Kingdom of Heaven. Otra película fue Miguel y William, en 2006. También la televisión con La noche de los castillos (1994), Ministerio del Tiempo (2015-2020) o La orden de los caballeros de Santiago (2020).
La literatura también: en 2015 se publicó la novela histórica El Castillo de Luis Zueco.
Me despido de ustedes con el recuerdo de aquel castillo de juguete e invitándoles a que, si no lo conocen, visiten el Castillo de Loarre, porque, además de su importancia histórica, el castillo sobresale por su extraordinario entorno natural, convirtiéndose en uno de los lugares más emblemáticos de Aragón.















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